lunes, 18 de julio de 2016

La invisibilidad de la violencia en el pololeo en los estratos sociales altos

Ya sea física, psicológica o sexual, la violencia en las parejas adolescentes de nuestro país es una realidad que no distingue sexo ni estrato socioeconómico. Son varios los factores que inciden en el comportamiento de las parejas y en la capacidad que tienen sus afectados para denunciar la violencia que sufren. Una realidad que ve la estadística en los estratos más bajos pero que se invisibiliza en estratos socioeconómicos más altos.
Por: Josefina Espinoza, Manuel Alcalde, Arantza Irigoyen, Vladimir Mansilla, Rodrigo Pinto.

Una pareja adolescente pasea por el Mall Costanera Center. Caminan de la mano cuando ella se encuentra con uno de sus antiguos compañeros de colegio. Ella sonriente lo saluda mientras su pololo se queda mirando la situación. Cuando vuelven a quedar solos, él la toma del brazo y la detiene pidiéndole explicaciones del episodio recién vivido. Al no tener mayor respuesta y ante la atención de quienes paseaban por ese mismo lugar, ella busca calmar a su pololo que poco a poco sube el tono de voz. La escena termina con un pequeño forcejeo entre ambos seguido de un grito por parte de él, a lo que la joven responde con una disculpa.
Esta situación la vivió Pamela Iturra (19), quien con 16 años sufrió este tipo de violencia por parte de su entonces pareja. Constantes escenas de celos en la vía pública, zamarreos o agresión verbal eran parte de su día a día.
“Él era muy celoso. No me dejaba salir con mis amigos y siempre había una excusa para que él quedara de víctima por algo que yo encontraba inofensivo. Me pedía disculpas llorando, pero duraba un par de días y después pasaba algo parecido”, contó Pamela.




Una realidad que no se aleja de lo que sucede en gran parte de los pololeos entre jóvenes de 15 a 18 años en nuestro país, donde los celos y la posesión terminan traduciéndose en algún tipo de violencia, que puede ser física, sexual y psicológica, siendo esta última la que más predomina y que no distingue sexo ni estrato socioeconómico.
Esto porque un estudio realizado por el Centro de Estudios de Opinión Ciudadana de la Universidad de Talca en 2008, que tuvo por objetivo conocer los indicios de violencia que se presentan en las relaciones de parejas adolescentes, mostró que un 58,0% de los encuestados señalaron que su pololo/a actual se molesta si habla con una persona del sexo opuesto, un 53,2% insiste en saber dónde está en todo momento, un 46,7% trata de impedir que vea a sus amistades, un 43,1% sospecha a menudo que le es infiel, un 37,1% exige que le pida permiso para tomar ciertas decisiones, un 31,8% le ignora o trata de manera indiferente y un 23,2% trata de restringir el contacto con su familia.
En la medición, un 49,2% pertenece estrato bajo, 26,1% estrato medio y 24,7% al estrato alto. ¿La violencia cambia según el estrato al que perteneces?




Basado en estudios reales
Una de las comunas con más población dentro del gran Santiago es Maipú. Con aproximadamente 525 mil habitantes, la realidad de una de las comunas más grandes del país no escapa de la tendencia general si se habla de violencia en el pololeo.


En 2013, la periodista y Magister en Gobierno y Gerencia Pública de la Universidad de Chile, Mariana Madariaga, mientras estuvo como jefa de prensa de la Ilustre Municipalidad de Maipú, realizó un estudio sobre violencia en el pololeo aplicada a los principales liceos de la comuna. La encuesta realizada a 1412 jóvenes de entre 14 y 20 años arrojó que el 49,92% de los encuestados reconocen haber vivido una situación violenta en la pareja.
Aquí lidera la violencia psicológica. Según la medición, un 59.49% de los jóvenes confesó que su pareja “no lo deja juntarse con el sexo opuesto” y el 55.5% de los encuestados reconoce que su pololo/a lo/a “controla y se molesta si se juntaba con amigos o compañeros de colegio”. Además, un  28.81% de los jóvenes aseguró que su pareja le ha gritado, el 26.77% reconoció que su pareja no siempre le ha pedido las cosas de buena manera y un 26.28% de los jóvenes que ha pololeado aseguró que su pareja los ha insultado, garabateado, humillado e ignorado.
Y si bien las mediciones cuantitativas entregan una aproximación del comportamiento que pueda presentar la violencia en las parejas adolescentes, no considera situaciones en que la agresión puede estar invisibilizada, patrón que según expertos, difieren de los entregados por los estudios analizados y que trasciende del nivel socioeconómico de la persona.


Encuesta v/s Experiencia


Pese a que los números indicaron que existe una mayor tendencia a la violencia en parejas de niveles socioeconómicos más bajos, la psicóloga Viviana Castro,  asegura que los resultados entregados no pueden generalizar un patrón de comportamiento.
“Esta es una condición que traspasa las clases sociales, donde la precarización económica, cultural y social hacen que la violencia sea más vistosa. Yo creo que de alguna manera es población a la cual se tiene más acceso, porque los centros asistenciales llegan más a esos niveles y son lugares donde se pueden hacer los estudios. Pero hay buena parte del problema que queda invisibilizado. En el barrio alto no se escucha que un hombre le haya sacado los ojos a la mujer, pero los niveles de sometimiento económico, de tiranía, de aplastamiento emocional y psicológico de otros niveles económicos son tan brutales como en las clases inferiores”, explica.
En cuanto a los efectos secundarios que la violencia psicológica conlleva, Castro explica que “los niveles de dominación, de subyugación y de violencia en las relaciones de pareja no dejan huellas en el cuerpo como un ojo morado, pero si pueden quedar representados en malestares físicos como infecciones, trastornos digestivos o jaquecas”.


Otro factor relevante, el cual se puede apreciar en los resultados arrojados por un estudio realizado por el programa “Al Habla” de la Asociación Chilena Pro Naciones Unidas, es que con respecto a la relaciones amorosas se observa bastante machismo. Esto pues las mujeres se someten a los intereses del hombre negándose a sí mismas, o quedando a merced de sus decisiones, sin existir nunca un cuestionamiento sobre este sometimiento.


Así lo comparte también la psicóloga Daniela Cortés, quien trabajó en un consultorio de salud primaria a mujeres, y sostiene que “el sistema cultural en que nos desenvolvemos como mujeres, donde claramente aún no se alcanza la igualdad de género y la tasa de femicidios aumenta en vez de disminuir, es común ver muchos casos de mujeres que entran en un estado de sumisión permitiendo violencia dentro de una relación, y sin lugar a dudas que se puede reflejar desde temprana edad”.


La carencia de recursos económicos y educativos supone un factor de riesgo ya que implican dificultades, sin embargo, la violencia se produce en todas las clases sociales, económicas y educacionales.Las clases más favorecidas económicamente tienen acceso a médicos, abogados y psicólogos que los atienden de forma privada y les permite ocultar el problema; mientras que aquellos de escasos recursos buscan ayuda en las entidades sociales, por lo que aparecen más en las estadísticas. En general, cuanto más alto es el nivel social, existen más dificultades para desvelar el problema.

No hay comentarios:

Publicar un comentario